El Coronavirus y la desigualdad persistente

Por Jhoel Bustillos 6 meses haceSin comentarios
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La población del área rural, es la más vulnerable ante la pandemia del Coronavirus. Cientos de mujeres y sus familias, se han enfrentado a la desigualdad significativa en Bolivia, pues a pesar de la puesta en marcha de la cuarentena a nivel nacional, este sector de la población, se enfrentó a una realidad alarmante, esto, ante la falta de sistemas médicos de salud adecuados a las circunstancias, falta de alimento e influencia negativa en la economía familiar.

Si bien, la cuarentena representa la forma más adecuada para frenar la propagación del Coronavirus, fue una medida no apropiada al contexto rural, ello, por la forma de vida de la población rural, que su sistema de supervivencia familiar era realizado diariamente, dependientes de sus actividades agrícolas.

Pedir, el aislamiento a la población rural, representa poner en riesgo el sustento diario de las familias dependientes de la actividad local. Así también, profundizar la desigualdad propia de la realidad nacional, en condiciones sociales y económicas, explicadas a continuación.

Salud: al descubierto

Con el pequeño avance económico los últimos dos decenios, se ha visto una pequeña superación de la desigualdad entre “las dos Bolivias”, término acuñado por el Mallku (1998), con relación al área rural y el área urbana del país andino. Esta brecha, si bien, ha mostrado un pequeño avance, no se la supero completamente durante los últimos dos decenios. Y a pesar, de la existencia de un gobierno considerado “indígena”, no contribuyo al desarrollo rural.

Hasta la gestión 2019, existían falencias con el sistema eléctrico, con el alcance del agua potable en toda la región, y el sistema de respuesta del gobierno central, continuaba siendo una limitante desarrollada. Más aun, con la atención brindada a necesidades no vitales de esta población como es el deporte, donde la inversión en proyectos deportivos desde el año 2007, fue de Bs 3.389 millones, mientras que en proyectos de salud llegó a Bs 734 millones, según los datos del Ministerio de Economía.

Hoy en día, se puede ver un complejo deportivo, una cancha de césped sintético o una pequeña cancha en cualquier municipio del país, esto, indica un desatino en la administración estatal de los recursos provenientes del Tesoro General de la Nación (TGN). Pero, si se busca un centro de salud, es probable que se lo encuentre, pero con suficientes deficiencias, infraestructura debilitada, y pocos insumos médicos. Esa es la realidad del area rural del Estado Plurinacional de Bolivia.

A comienzos del 2020, el personal médico de las ciudades capitales, mostraron su molestia por falta de equipamiento e insumos médicos descubriendo, una terrible situación para enfrentar a la creciente pandemia del COVID-19. Esta situación, vislumbraba un terror en la ciudadanía urbana, pero lo más desatinado, era la dificultad emergente en el área rural. Donde se privilegiaba el acceso a un campo deportivo que a un centro de salud. Esto, desencadeno en el uso de remedios caseros como el eucalipto, que si bien alivia las molestias y síntomas del Coronavirus, no lo cura.

Los centros médicos rurales, se encuentran totalmente desatendidos por el Estado. En muchas ocasiones, no cuentan con los insumos para tratar a heridos de accidentes de tránsito, peor ahora, con una pandemia que requiere de elementos que, como muchos países de la región carecen en cantidad, y si los tienen, los destinan a las áreas urbanas.

Economía y alimentación: El desacierto público

La pobreza, por mucho tiempo ha sido la brecha de la desigualdad en las sociedades latinoamericanas. El PND, establece a la pobreza como manifestación de desigualdad y exclusión social, económica, política y cultural; estas, profundizadas por sus características étnicas y culturales.

Con la instauración del Proceso de Cambio, si bien, esta brecha de desigualdad se redujo un 3%, en base al último censo, 2012, es preciso señalar que la dinámica de la pobreza continua desarrollándose. Es decir, los grupos de la población con más necesidades insatisfechas, reproducen la transmisión intergeneracional de la pobreza. Transmitiendo así, la vulnerabilidad demográfica. Constituyéndose así, las desventajas sociales de los grupos marginales propios de las áreas rurales del país.  

Con la constitución de este sector vulnerable, por la transmisión intergeneracional de la pobreza, se constituye un sector de la población, que resalta el factor limitativo en tiempos de crisis económica. Esto, da lugar a un deterioro del umbral de la pobreza regional, por la afectación directa de las personas que viven con un dólar diario en las áreas rurales.

Con la aplicación de la cuarentena en Bolivia, desde el 22 de marzo, un gran sector de la población en el territorio nacional fue afectada, precisamente un 40%, dedicada al negocio informal o por cuenta propia. En el área rural, esta cantidad es aún más elevada, superando el millón de personas, en edad activa. Acrecentando la incidencia de la pobreza, registrada en un 83% el año 2002.

Esta realidad, también afecta a las personas migrantes a otros países de la región. Según datos del año 2002, 3.4% de los hogares bolivianos recibieron remesas, que alcanzaron a 99,6 dólares mensuales en promedio, y hoy en día, ante la falta de trabajo por el Coronavirus, estas personas, en su mayoría, tuvieron que regresar al país, y de allí, a su región de origen.

Lo mismo ocurre para las personas que migraron a las ciudades capitales, en búsqueda de mejores oportunidades, durante las últimas semanas, los gobiernos municipales de La Paz, Sucre, y Cochabamba, han colocado números gratuitos para registrar a la población que necesite retornar a su región rural de origen. (Esto ante la imposibilidad de permanecer en la ciudad por falta de comida, dinero y otros recursos necesarios) en Sucre, se registró en gran medida por estudiantes de la Universidad San Francisco Javier, que ante la ausencia de alimentos recurren a la colaboración del municipio para retornar a sus zonas de origen.

Empero, este proceso, no representa una respuesta eficiente ante la crisis sanitaria, mientras más personas retornen a sus zonas de origen (área rural) el abastecimiento de comida, se dificulta aún más, ello con la imposibilidad de tránsito en las rutas nacionales e interdepartamentales.

En la provincia de Larecaja del Departamento de La Paz, Martha Choque, perteneciente al Municipio de Tacacoma, expresa que no se encuentran alimentos en los principales centros de abastecimiento de su comunidad. Y lo poco que encuentran, es ofrecido con elevado precio, dando paso a la especulación.

En respuesta, ante la falta de recursos para el sector, que no recibe un salario fijo, durante la cuarentena nacional, el Gobierno instauró una serie de bonos, el principal el bono universal de 500 bs. (73$us). Si bien, es una medida que permite sobrellevar las necesidades alimenticias de las familias bolivianas, la población rural se torna nuevamente lejana de adquirir este beneficio, ello ante la inexistencia de bancos en varias regiones del país, y para acceder al beneficio, tienen que realizar largas caminatas exponiéndose al peligro, ante la ausencia de transporte.

Educación limitante

Desde el 22 de marzo, el Ministerio de Educación, suspendió las clases en todos los niveles educativos del país. Esta medida, fue llevada favorablemente por colegios privados de las ciudades capitales, desarrollando clases virtuales. Empero, resalto una deficiente organización en las unidades educativas fiscales, y ello no es el mayor problema. Sino, que profundiza el impacto en la formación de recursos humanos del país.

El acceso a la educación, en el territorio nacional, durante el último mes, ha sido uno de los temas más tratados en la agenda mediática, principalmente por la imposibilidad de desarrollar la curricular escolar con éxito, más aun, en el área rural donde, los niños y niñas, tienen apoyar en tareas domésticas y agropecuarias dejando de lado, el desarrollo escolar.

A modo de cierre, la aplicación de estrategias sanitarias para sobrellevar la pandemia en Bolivia, requiere un enfoque aplicativo en el sector más vulnerable, la población rural. Más aun, con las deficiencias locales para soportar un posible brote en el sector rural, ante las falencias significativas de la zona. Más aun, con la ausencia de insumos médicos en los centros de salud de los municipios rurales y urbanos.

También, es importante consolidar sistemas de apoyo orientados en el apoyo comunitario, destinado a generar respuestas positivas e intervención del gobierno central en la tratativa positiva de la pandemia, tomando en cuenta, la brecha de la desigualdad, que hoy en día, se acrecienta por la dificultad emergente.

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